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Menos CO2 debido al confinamiento: un respiro para una crisis de largo aliento

Las medidas adoptadas por gobiernos de todo el mundo -de cara al coronavirus- redujeron temporalmente los niveles de emisiones, generando un cambio en la calidad del aire. Sin embargo, la crisis climática está lejos de solucionarse, lo que nos invita a reflexionar y reconvertir procesos.
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Un estudio publicado en Nature Climate Change reveló una reducción temporal de las emisiones diarias globales de CO2, durante el confinamiento forzado que provocó el COVID-19. La investigación -que abarcó a 69 países- mostró el declive máximo el 7 de abril, cuando se registró una disminución de 17% en comparación con la misma fecha del año pasado. Esto significó una caída de alrededor de 18,7 millones de toneladas de dióxido de carbono, con estimaciones basadas en datos de emisiones diarias promedio de entre 2017 y 2019.

La disminución de la contaminación a los ecosistemas, según el decano de la Facultad de Ciencias Básicas de la Universidad Católica del Maule (UCM) y especialista en abejas, Dr. Víctor Hugo Monzón, pues cree que, en Chile, esto podría reflejarse en un aumento de los polinizadores. “Sin embargo, la sequía que aún nos afecta, así como la disminución de las temperaturas por el cambio de estación, podría enmascarar este fenómeno”, señala.

Pese a ello, no hay que cantar victoria. El director ejecutivo de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC), Giovanni Calderón Bassi, reconoce que el confinamiento de millones de personas en el mundo trajo como consecuencia una reducción de las emisiones globales de CO2, pero recalca que esto no significa que estemos ganando la batalla frente a la crisis climática. “La comunidad científica viene advirtiendo que la concentración de CO2 en la atmósfera ha marcado récords históricos y el hecho de que hayamos reducido nuestras emisiones por la pandemia no significa que estemos superando el problema. Seguimos con la urgencia climática”, afirma.

Una señal de alerta

Si bien ha bajado drásticamente el tráfico vehicular y aéreo, el suministro de energía no lo ha hecho y todavía proviene -en gran parte- de combustibles fósiles. “En Chile, el sector energía genera el 78% del total de emisiones del país, y en el mundo dos tercios de las emisiones mundiales se deben al modo que producimos y usamos la energía”, detalla Giovanni Calderón. 

Según el ejecutivo, la diferencia entre la crisis sanitaria y la climática es que la primera es de corto plazo, muy intensa y grave, pero la segunda se ha producido por la acumulación en el tiempo y su solución requiere medidas de largo plazo. “Por eso, es importante no perder esto de vista para efectos de cómo reactivar la economía, sin producir externalidades ambientales más negativas que las que se veían antes de la pandemia”, sostiene.

En este sentido, el director ejecutivo de la ASCC cree que la reactivación económica tras la pandemia debe ser mirada como una oportunidad para la reconversión de los procesos productivos. “En Chile, las autoridades nacionales tienen conciencia que tenemos que salir de esta crisis por una vía sustentable, reafirmando el compromiso que tenemos como país de reducir un 30% de emisiones para el 2030”, añade.

Por su parte, el director del Laboratorio de Ecología de Abejas y decano de la Facultad de Ciencias Básicas de la UCM, Víctor Hugo Monzón, estima que este es un buen momento para tomar conciencia ambiental. “Esto que está pasando debe ser una enseñanza para la humanidad. La pandemia que nos afecta en lo económico y en lo social, también nos entrega la posibilidad de que hagamos un cambio en nuestras vidas, al darnos cuenta que el planeta está mucho más sano, ambientalmente hablando, con lo que está ocurriendo. Es una señal importante de que tenemos que adecuar nuestra producción y desarrollo, preocupándonos de contaminar y dañar menos al planeta”, reflexiona.
 
Fotografía: Alisha Lubben from Pexels